Letras

La letra ante mis ojos temblaba debido a la inseguridad que había en mis dedos sujetándola. Me habías encontrado. Alguien que conocías era compañero mío en el trabajo. Te facilitó mi dirección y mi nombre. Escuché como en eco las letras que formaban mi nombre por tus labios, que entre calada y calada de aquel amigo tuyo que era el cigarro, me llamaban.

Me senté sin proponermelo en un banco. Mis piernas debieron saber que ellas solas no iban a poder contener de pie toda esa carga que se me añadió en la nuca y espalda.

En tu carta, con esa letra tuya que ya adoraba, me decías cosas a mi parecer preciosas. Eran varias y significaban todas lo mismo; “Reúnete mañana conmigo. Hablemos mañana a las siete, antes de la cena”.

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